Dejar la luz, la calidez, Por un destino incierto.
Por suerte camino a oscuras sabiendo que hay manos listas
para alivianar mis caídas, mis tropiezos y errores.
Y la inevitable vida, que me conduce hacia adelante, como única dirección.
Jugar es darse permiso, para volver, para encontrarnos, reencontrarnos. Tan puros, tan despojados, que somos todo y nada, y podemos ser cualquiera. Vislumbrar la escencia, reconocerse eterno... En uno y en el otro, como en un espejo. Juego que soy otra, se caen las máscaras y me faltan las palabras. Soy blanco y negro, arriba y abajo, No se y no entiendo. Y está bien... Todo va a estar bien. La que juega soy yo, Cuando juego soy yo.
Te pienso cerca en estas noches, Casi siento el calor de tu vacío. Me inunda tu olor a lluvia, me desbordo. Me retuerzo, me pierdo, me río. Lloran las paredes, sudan mis ojos. Te recuerdo y me alejo de vos. Te recuerdo como nunca fuiste y como soy siempre. Te recuerdo y me encuentro... Otra vez. varada en el mismo punto.
Me quiero, Cuando no me veo, Cuando me siento, me quiero. Cuando no me ven, me sienten, y me quieren, y yo también me quiero. Soy solo risas, y llanto. Una voz chillona y un cálido arrullo, Una manía obsesiva, y una distraída nata. Soy todos y soy nadie. Soy todo y no soy nada. Una contradicción con patas. Una soledad. Una. A veces no me quiero, cuando me pienso, cuando me mido, cuando me veo. Cuando vuelvo, me quiero.
Insipiro, y el aire me llena, me recorre, llega a ese huequito profundo profundo donde estoy. Ahì está ella. Ya no se quiere esconder mas, quiere salir a jugar, aunque se pueda lastimar. Salta a la expectativa, se prepara, se arregla, y sonríe. Está sentada, esperando, con su vestido floreado, sus rulitos despeinados, esos ojos grandes, casi desproporcionados, pero profundos, penetrantes... Espera con caricias y cuentos, tantas cosas para compartir. Cada tanto me pregunta "cuánto falta?", yo le explico, que es un viaje de ida, no hay una meta. No le gusta mucho, hace puchero, pero con cada pregunta está mas cerca de entender que no hay respuestas. En el camino hacemos amigos, algunos no nos pueden acompañar siempre, pero ella los guarda, en el cajón derecho de su mesita, lleno de papelitos y recuerdos. El izquierdo está cerrado con llave para mi. La encontré revisando hoy, ordenando sus cajones, yo se que una parte de ella quería volver atrás, pero no dijo nada. Nos abrazamos, lloramos, nos miramos, reímos a carcajadas, sonreímos y lloramos de nuevo, pero no igual. Suspiro. Nos queda tanto... Pero juntas.
Adoro el ruido del viento jugando con tu pelo, el ruido del mar cuando tus manos salpican el agua, el ruido que hacen nuestros pies contra la arena, el chapoteo de mis infantiles piruetas, el leve suspiro que se escapa de tus labios. Adoro tus ronquidos al soñar, tus quejas al despertar, tu manera de cantar. Adoro el ruido de tus manos recorriendo mi cuerpo, el ruido de tus dientes mordiendo tu lengua, el ruido de la ropa al caer, tu risa contenida por sobre la lluvia, nuestros cautos susurros. Adoro el ruido de tu muralla cayendo, al tiempo que tu silencio al atardecer dice mucho más.
Extrañar algo que nunca fue. Sentir el vacío de algo que nunca llenó.
Aferrarse con uñas y dientes a una simple vana ilusión.
Enterrar. Intentar olvidar. Decir adiós. Sentir adiós.
Desenterrar. Intentar perdonar. Decir perdón. Sentir perdón.
Sin culpas, sin rencores, con francos dolores, y algún que otro temor
Vas soltando, volando, despertando, confiando, amando.
Vuelve a latir.