Our infinite playlist

Adoro el ruido del viento jugando con tu pelo,
el ruido del mar cuando tus manos salpican el agua,
el ruido que hacen nuestros pies contra la arena,
el chapoteo de mis infantiles piruetas,
el leve suspiro que se escapa de tus labios.

Adoro tus ronquidos al soñar,
tus quejas al despertar,
tu manera de cantar.

Adoro el ruido de tus manos recorriendo mi cuerpo,
el ruido de tus dientes mordiendo tu lengua,
el ruido de la ropa al caer,
tu risa contenida por sobre la lluvia,
nuestros cautos susurros.

Adoro el ruido de tu muralla cayendo,
al tiempo que tu silencio al atardecer dice mucho más.
Extrañar algo que nunca fue. Sentir el vacío de algo que nunca llenó.
Aferrarse con uñas y dientes a una simple vana ilusión.
Enterrar. Intentar olvidar. Decir adiós. Sentir adiós.
Desenterrar. Intentar perdonar. Decir perdón. Sentir perdón.

Sin culpas, sin rencores, con francos dolores, y algún que otro temor
Vas soltando, volando, despertando, confiando, amando.
Vuelve a latir.
Para ella la vida transcurre, allá, lejos, sobre el escenario. Sin telones que se puedan cerrar, sin ojos que dejen de mirar. Hay una sola butaca, polvorienta, gris, sola. Ellos no ven, no escuchan. La cuarta pared, la luz...
Mira la hora. Los días pasan, se va hundiendo en el asiento. Ella toma nota. Desvaría en metafísica, alquimia, filosofía, astrología, sociología, teología, demología, genealogía, antropología, filología, psicología, perspectiva, disyuntiva, correlativa, expectativa, evolucionismo, egoísmo, minimalismo, un cataclismo. Desvaría, se desvela, se desvive, se desvanece.

Cada palabra la aleja unos centímetros más. Se apelmazan sus lágrimas. Se guardan, para cuando sea su momento en el escenario. Suspira. Espera...
Viajar. Escapar. Volar con la esperanza de no volver. De un comienzo fresco. 
De dentro de la humareda ellos se materializan, le pisan los talones.
Nunca lo pueden atrapar.

Intenta no dejar nada, pero olvida mucho más de lo que puede ver.
Hamacas, berrinches, panqueques, rulitos, domingos... No caben en el equipaje.
Un vientito en la cara y las manos frías. 

En un suspiro se le escapa algo. Nunca se va.


Sordo Reflejo

Ella estaba acostada en la cama mirando al techo, pensando. Él también estaba ahí, ya adormecido. Ella recordaba los días de hacer el amor, los días de caricias y pícaras miradas; las noches en que sus cuerpos transpiraban, en que sus ojos la miraban con deseo y ella se sonrojaba de pudor. Tan inocente y a la vez ya tan adulta. Ella recordaba todo, cada detalle, cada palabra, cada nota, cada suspiro, cada lunar. Recordaba con nostalgia, esos ya arrugados y grises momentos. Sin embargo no podía dejar de aferrarse a esa triste y vana esperanza, de que volverían, cuando menos lo esperara.

Coleccionista

Él, con el semblante serio, como siempre; aún así con la mirada blanda la observa, indefensa, maltrecha. Hace falta entrar a esa habitación para que su mandíbula se relaje de fingir por tanto tiempo. Para que el alma ceda. Él sabe, sus ojos no mienten, esas grandes ventanas del alma no pueden esconder tanto como ella quisiera. Sus secretos mas profundos, sus temores, ése azul dolor, que en cada pestañeo hunde toda esperanza. Alguien alguna vez le dijo que las palabras curan. Intentó ser honesta. 
"No me voy a enamorar" dijo con firmeza, sólo para ver que estaba completamente equivocada. El problema era hacerlo. "No me quiero enamorar" Se corrigió con lágrimas en los ojos. 
Él se extrañaba, mientras escuchaba todo lo que ella no había dicho. Los gritos de ayuda lo aturdían, pero no había mano que tomar. Sólo ella tenía el poder de salvarse. "¿Porqué?".
Cada puñalada que vociferó, atentó a teñir de gris el horizonte. "Porque yo se como termina".
¿Quién la podía culpar? Los finales felices sólo existían en las películas que miraba de chiquita. Siempre se quedaba imaginándose las vidas de los enamorados después de que la historia terminara. Los "Y vivieron felices para siempre" nunca la pudieron convencer, satisfacer.
Al ir creciendo dejó de mirar los dibujitos y empezó a mirar a su alrededor. Cada vez le fue costando más ver  matices, y sentir calidez. Cada golpe la hizo mas dura, y el cielo siempre se sentía un poco mas lejano detrás de la pared. Ella sabía que su actuar era irracional, pero el saber nunca pudo hacer razonar a su sentir. Sabía que no era tan distinta de todos. Presentía que el mundo estaba lleno de paredes. Una pequeña parte en su interior sentía una imperiosa necesidad de derribarlas todas, violentamente. De dejarse ser tocada, morir en un arranque de pasión, fundirse en el todo. Pero las cadenas no la pensaban dejar ir tan fácilmente. Las cicatrizes le ardían todavía. No quería seguir coleccionándolas.
Cada lágrima pesa un poco más, cada paso cuesta un poco más, cada vez veo menos, y poco a poco se adormecen las puntas de mis dedos.