Él tenía una capacidad sinceramente fastidiosa para penetrar en sus mecanismos de defensa y engañarla para que hablara, de sus asuntos privados y sentimientos personales. Aunque todavía conservaba la suficiente cordura como para ignorar la mayoría de sus preguntas, le contaba cosas de sí misma que no habría explicado a otra persona, ni siquiera bajo amenaza de muerte. 


Aquello la asustaba y hacía que se sintiera desnuda y abandonada a la voluntad de Mikael.
Al mismo tiempo, mientras miraba su cuerpo dormido y escuchaba sus ronquidos, sentía que jamás había confiado de manera tan incondicional en nadie.


El día después de navidad, en algún momento de la mañana, llegó a una aterradora conclusión. No entendía cómo podía haber ocurrido, ni tampoco cómo iba a manejar la situación. Por primera vez en su vida estaba enamorada.


Repentinamente comprendió que el amor era ese momento en el que el corazón quiere salirse del pecho.


Luego se quedó paralizada, pensando. Nunca antes en su vida había sentido una añoranza así. Quería que Mikael Blomkvist llamara a su puerta y... ¿qué? ¿Que la cogiera en sus brazos? ¿Que la llevara apasionadamente al dormitorio y le arrancara la ropa? No, en realidad, sólo quería su compañía. Quería oírle decir que la quería por ser quién era, que era especial en su mundo, en su vida. Quería que le diera una prueba de amor, no sólo de amistad y compañerismo. "Me estoy volviendo loca" pensó.


"¿Para qué te serviría yo?" El terror mas grande de Lisbeth Salander, tan grande y tan negro que había adquirido dimensiones fóbicas, era que la gente se riera de sus sentimientos.

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